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Los conversos al coaching

En cierta manera el coaching, y en particular el coaching ejecutivo,  es una profesión tan reciente que todos los que nos dedicamos a ella, somos en parte neófitos, conversos. 

Se ha dicho que al coaching han llegado profesionales procedentes de carreras y trayectorias muy diversas, algo muy positivo, puesto que ingenieros, economistas, personas de negocios, directivos de empresa, etc. se incorporan a una nueva profesión que podríamos situar en el ámbito de las ciencias sociales y del comportamiento, aportando así nuevas visiones, nuevas metodologías y técnicas que los profesionales de estas ciencias a lo mejor nunca se habrían atrevido a incorporar.

También se produce a veces entre los profesionales del coaching procedentes de carrera técnicas, el síndrome del converso, es decir,  el profesional que no sólo acepta una manera de trabajar en la profesión, sino que asume de forma  acrítica metodologías o técnicas poco fundadas o probadas. Son aquellos que descubren que el coaching era su vocación oculta de toda la vida, y aceptan cualquier novedad a pies juntillas, en particular, si parece exótica, peculiar o incluso esotérica, y así escuchamos a gente que dice estar fascinada por el coaching, la PNL, las constelaciones o el modelo sistémico.

Da la impresión de que se está imponiendo el “coaching espectáculo”, llevando la necesidad de distinguirse en el mercado a presentar un rótulo espectacular para un curso, la presencia de un mal llamado gurú de una nueva ciencia, técnicas que permiten la manipulación del coachee, cualquier cosa con tal de vender coaching y de hacerse un hueco al sol en un mundo difícil.

Conversos que confunden el poder explicativo de una teoría con el valor descriptivo de un modelo, porque lo que importa es el modelo, y “si el modelo funciona está bien”, es lo que llamaríamos la ingeniería social, tan antigua como el darwinismo social o el conductismo.  Conversos que requieren de una fundamentación teórica y metodológica seria y rigurosa.

No se trata de que todos los coaches sean especialistas en filosofía, sociología o psicología, aunque  a algunos les encantaría para ocupar un nuevo y prometedor campo profesional, lo que me parece una barbaridad, pues el coaching se nutre de aportaciones multidisciplinares como el management, la teoría de las organizaciones o la teoría del aprendizaje adulto además de las antes mencionadas. En mi opinión, hay que buscar la conciliación y la integración de enfoques de forma equilibrada, reforzando las aportaciones  positivas del neófito: entusiasmo, compromiso, búsqueda de nuevas aproximaciones y aportaciones, y a su vez, reduciendo o minorando las posibles rémoras: conocimientos sin depurar, prácticas temerarias sin base científica, técnicas no contrastadas por una metodología científica.

Las ciencias deben probar sus postulados a través de la investigación en sus diferentes modalidades y hay que ser muy prudentes a la hora de introducir modelos o técnicas. Y lo cierto es que en el terreno del coaching hay poca investigación hasta el momento. Y, de otra parte, la metodología para investigar en las ciencias sociales es diferente a la de las ciencias naturales.

Sin embargo, hay que resaltar que, por ejemplo, en las ciencias médicas hay unos protocolos muy exigentes a la hora de validar un fármaco, pues puede estar en juego la vida o la salud de los pacientes. Se empieza probando en animales y más tarde se pasa a experimentar con personas que se prestan voluntarias, en un proceso que a veces puede durar años.  

Pues bien, en el campo del coaching habría que establecer y favorecer códigos deontológicos, protocolos rigurosos de actuación y cautelas semejantes, tarea que recae sobre las diferentes Asociaciones de Coaching, no sea en que vez de ayudar a las personas, las perjudiquemos.

Además, las instituciones dedicadas a la formación de coaching han de fomentar la investigación, de manera que se vaya generando el suficiente conocimiento teórico y práctico que garantice el éxito de la profesión, alejando el peligro de que el coaching se convierta en un campo abierto a los charlatanes y los ‘vendedores de crecepelo’ del viejo oeste como los western americanos pusieron de manifiesto hace ya muchos años.

Una profesión se depura y consolida con la formación, la investigación, el entrenamiento y la supervisión continuada en el tiempo.  

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