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Camino a la igualdad (8): barreras que en realidad eran palancas del cambio. LAS MUJERES SON MÁS ÉTICAS

Racionalidad y ética están íntimamente relacionadas.
Si la ética es tratar a los demás con respeto y compasión, solo hay que mirar al sexo de los encarcelados por crímenes violentos.
La ética de las mujeres hasta hace poco había sido definida por hombres, según estándares masculinos, de manera que el psicólogo Kohlberg estableció que la mayoría de las mujeres nunca llegan a los niveles mas altos de eticidad.

Gilligan mas tarde, desde otra perspectiva, concluyó que los hombres toman decisiones sobre una “ética equitativa”, concepto abstracto de lo verdadero y lo falso que no los incluye a ellos. Las mujeres por el contrario, usan la “ética del cuidado” que incluye a otros. Así las chicas tienen una visión mas pragmática de las reglas y los juegos y no les gusta los juegos competitivos tanto como a los chicos. Ellas prefieren juegos donde el éxito de uno no significa el fracaso del otro.
Los hombres ponen su identidad personal por encima de su intimidad con otros.
Para las mujeres, la intimidad es una parte principal de su identidad. Por lo tanto, la orientación social de los hombres es posicional, basada en el sentido de su posición en la sociedad. Mientras que
la orientación social de las mujeres es más personal, siendo más sensibles a las necesidades de los otros. En esa cultura, la debilidad ética de las mujeres es inseparable de su fortaleza ética.

De modo que la hipótesis de Kohlberg, no mide las acciones éticas, sino que mide el pensamiento ético que puede estar o no relacionado con las acciones, pues “no es lo mismo predicar que dar trigo”, dada la incongruencia entre declaraciones y acciones.

No resulta extraño que el sesgo masculino en la psicología colorea todos los aspectos del desarrollo humano, pero sentirse responsable de y hacia otros es parte del código ética femenino.
Hay dos formas de entender el desarrollo ético y dos modos de describir las relaciones entre el yo y los otros.
El desarrollo temprano de los hombres se basa en que la separación es lo importante, la equidad ética de base viril se apoya en la lógica, las reglas y los derechos para encontrar una solución a los dilemas éticos.
El pleno desarrollo ético de los hombres consiste en ver al otro igual a si, igualdad que proporciona una forma de conexión segura.
En la mayoría de las culturas el foco de las mujeres es en las relaciones. Las niñas suelen frecuentar grupos pequeños, más íntimos, lo que fomenta la empatía y la sensibilidad necesarias para compenetrarse con otros, por eso las mujeres se definen en un contexto relacional.
Incluso las más exitosas mencionan primero las relaciones, y suelen ver los logros académicos y profesionales como parte de la definición. Ser aceptada por otros puede requerir sacrificio propio. Robar a otro es considerado egoísta, pero el cuidar es plenitud de la responsabilidad ética.
Como las mujeres son educadas para casarse, tener hijos y auto-sacrificarse, se las ha considerado que tenían problemas con la individuación y la auto-expresión.
El impacto de esta escisión cultural ha sido dañino para ambos géneros. Los hombres lamentan el cariño y el miedo a la intimidad, y pueden crecer negándose el placer de una interacción humana auténtica.
Las mujeres puede que tengan el problema opuesto, al reconocer que su auto-sacrificio ha dañado su desarrollo.
Su habilidad para honrarse a si mismas ha significado también desafiar un conjunto de creencias culturales y a veces las mujeres se han sentido impotentes y comprometidas.
El camino femenino no solo lleva a una vida menos violenta, sino a una madurez realizada a través de la colaboración mutua.

Un sentido encarnado de ética
El sentido del yo de las mujeres gira sobre las cuestiones de la responsabilidad de cuidar y la inclusión de otras personas, lo que implica la apreciación de las relaciones y las intenciones de la gente.
Han sido vistas como deficientes porque de forma consistente han querido incluir a otros en sus conexiones psicológicas y tienden a definir el poder como la fortaleza para cuidar y dar a otros, una manera muy diferente a la de los hombres.
La empatía desconocida hasta hace poco, era considerada primitiva y cuestionable; en la psicología tradicional era una regresión del yo, causada por la pérdida de los límites del yo, epistemología típica viril, y el sexo menos empático la consideró menos que racional.
Pero hoy en día se considera que la empatía es el estado más alto y avanzado del funcionamiento mental humano, el reconocimiento del otro en uno mismo y al mismo tiempo de uno en el otro.
La empatía solo puede conseguirse si alguien tiene un sentido de si lo bastante fuerte como para ampliarlo al otro. Si los límites del yo son demasiado rígidos la persona será incapaz de captar el estado emocional del otro. Pero si los límites propios del perceptor son demasiado abiertos o permeables, la conexión será solo una extensión del yo del perceptor, perdiéndose la oportunidad de un entendimiento genuino.
La mayoría de los hombres sienten que es una pérdida pasiva de control. Pero nos permite captar claves verbales, como los gestos o la expresión facial. Nuestra capacidad empática reside en el cerebro.

Las raíces de la ética se encuentran en la empatía. La ética se basa en la capacidad de entender o empatizar con las víctimas potenciales, por ello los inquisidores en los juicios a las brujas se les avisaba de que no mirasen a los ojos de las mujeres, creyendo que el demonio podría controlar al juez a través de los ojos de las brujas, pues es cierto que resulta más difícil condenar a otros a la tortura o muerte mirando sus ojos. La empatía es el guardián de la justicia, a mayor empatía más positivo es el mundo que creamos. De hecho los psicópatas han reducido su actividad en las regiones cerebrales de los circuitos de la empatía.

Hormonas y ética
La contraparte femenina a la testosterona masculina, es la oxitocina, que para algunos puede hacer a la gente más social, vincula a los amantes, asi como a la madre con su recién nacido, y se la considera la hormona del abrazo o del amor.
La investigación la vincula con un aumento de la confianza, de los lazos sociales. Puede usarse para tratar los desórdenes de ansiedad social y el autismo. Se la ha llamado también la molécula de la conexión o de la eticidad.
Se encuentra sobre todo en las mujeres y los hombres parece que solo experimentan los beneficios durante el sexo al interactuar con mujeres, de ahí que hay autores para los que la mujer es el sexo más ético.

La ética es relacional
Las experiencias de una mujer de conexión con otros conducen a una concepción diferente y ampliada del yo, la ética y las relaciones, porque el yo es relacional, cuida, nutre y es compasivo. Este nuevo concepto implica un cambio de énfasis en cómo conocemos desde los separado a lo relacional. La relación es la nueva meta básica del desarrollo. Aspectos como la creatividad, la autonomía y la asertividad se desarrollan dentro de este contexto primario.
Y la empatía es el concepto central y organizador para las mujeres, donde la meta es aumentar el desarrollo de relaciones mutuas empáticas, a menudo una tarea difícil con el hombre no relacional. Su auto-estima se suele relacionar con el grado en que es capaz de compartirlas emociones, la apertura y el sentido compartido de entendimiento que ella siente a su vez a cambio.
Su sentido del cuidado es constante y fiable, y su juicio es menos crítico con él pues está primariamente preocupada por las necesidades de él. No sorprenderá que las mujeres suelan tener un mejor entendimiento de los hombres que estos de sí mismos.