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Los señores de la guerra

Entramos en el recinto de la escuela secundaria donde Garang y sus colegas habían estudiado. A primera vista las instalaciones eran superiores a la escuela primera de Save the Children. Los barracones eran humildes pero eran de obra y tenían aulas diferenciadas por niveles. Había campos de los principales deportes y sobre todo varios campos de fútbol, el deporte rey para los chavales africanos. Chicos y chicas iban vestidos de uniforme de color verde, y se les veía aseados y con los uniformes y los zapatos en condiciones aceptables, sin remiendos.

Salieron a recibirnos y aunque no habíamos concertado cita, algo bastante inútil en Sudán como hemos repetido en anteriores ocasiones pues las citas no se conciertan previamente sino que cuando ambas partes se ven, la cita tiene lugar, los citados hablan entre sí y se produce la relación. La persona que se dirigió a nosotros en correcto inglés nos preguntó si estábamos interesados por conocer las instalaciones y, tras nuestra respuesta afirmativa, comenzó un pequeño recorrido, pues no teníamos demasiado tiempo y el despegue estaba previsto para dentro de hora y media. En un sitio destacado de la entrada pendía de la pared una placa conmemorativa de John Garang, el héroe y líder nacional ya fallecido y nuestro interlocutor nos hizo un panegírico de Garang y de sus compañeros que fundaron el SPLA.

Riek Machar es quizá el segundo general con mayor liderazgo, después de Garang dentro del SPLM, pues como ya dijimos Salva Kiir había ocupado puestos importantes relativoa a la seguridad y la logística pero nunca había destacado por su carisma. La mayor diferencia de Riek Machar con Garang, era la pertenencia tribal, y mientras Garang era dinka, Machar se entroncaba  dentro de los Nuer. Pero en otros muchos aspectos eran semejantes. Machar, tan alto como los dinka mide 1,90, de religión cristiana, estudió en el extranjero, doctorándose en ingeniería por la Universidad de Bradford en el Reino Unido. Su primera esposa de la que no está formalmente divorciado, vive en Inglaterra.

A semejanza también de Garang, la apreciación de Machar es diversa; considerado por sus seguidores como persona de gran humanidad de la que pueden dar fe los soldados que lucharon en el Batallón y en toda la zona del Alto Nilo donde son mayoritarios los nuer, para muchos otros, quizá la mayoría, lo califican de egoísta y ambicioso y lo implican directamente en la matanza de Bor donde murieron veinte mil civiles sudaneses, y otros mas le acusan del reclutamiento forzoso de cientos de niños para la guerrilla.

Estuvo en el SPLA hasta 1991 año en que se separó de Garang para crear una facción, el SPLA-Nasir- facción Unida que mas tarde se transformaría en el SSIM (South Sudan Independece Movement, o Movimiento para la independencia del sur de Sudán). Durante esta época se negó incluso a secundar un alto el fuego decretado por Garang, que quedó al mando del SPLA- facción Torit, con el gobierno de Jartum.

En ese mismo año un acontecimiento sentimental marca su vida, Riek Machar se enamora de una británica, Emma McCune, que trabajaba como cooperante en una ONG dedicada a la educación y al regreso de ella de un viaje por Europa deciden irse a vivir juntos.

Emma nació en la India de unos padres que, procedentes de Yorkshire, fueron colonos y no se adaptaron a la vida en Inglaterra tras su regreso. Sus padres se divorciaron y el padre de Emma se suicidó. Ella estudió educación en la Universidad de Londres. En 1985, muestra su afición por la aventura cuando sola a los 21 años se fue a Australia y el vuelo de regreso lo hizo en una avioneta de un sólo motor, semejante a la que nos llevó a Rumbek, claro que en un vuelo con muchos miles de millas mas, acompañando a un amigo suyo piloto. Es la década de los ochenta, de las hambrunas africanas y de la respuesta de estrellas del rock como Bolb Geldorf y su Band Aid que infunde de romanticismo a una generación entera de europeos y americanos. Los jóvenes escuchan música africana, se visten con ropa africana y se enamoran de africanos/as reales, llegando a odiar el ruin confort de sus vidas domésticas. En 1987 Emma busca el peor aunque uno de los mas seductores lugares del continente y parte para Sudán, en plena guerra civil, como cooperante de la organización británica Volunteer Services Overseas para trabajar en educación primaria. Los cooperantes en África jugaban un papel no muy distinto al que desempeñaron los exploradores y misioneros que prepararon el camino al colonialismo, como es el caso de Ch. Gordon enviado por la reina Victoria para acabar con el comercio de esclavos en Sudán. Los cooperantes de finales del siglo XX al igual que los de hoy en día, cargan con el idealismo de los derechos humanos de un occidente hastiado y menos confiado. Mientras que los ricos del mundo se retiraban de África y sus desastres sinfín, los cooperantes se quedaron para mitigar nuestra mala conciencia colectiva. Cuando se producen las grandes catástrofes se dispara el ciclo de alimentos, armas, la desesperación y las fantasías de bondad, lo que Deborah Scroggins, reportera norteamericana de guerra en el sur sudanés, plantea en la biografía de su amiga McCune, Emma´s war, La guerra de Emma. Es el resultado del cruce de la política de la panza con la política del espejo, de manera que las tremendas desigualdades de poder no dejan ningunas manos limpias y los cooperantes pasan de la grandeza al desespero.

Regresó de mala gana a Inglaterra en 1988 y al año siguiente volvió a Sudán para trabajar en Street Kids International, organización canadiense financiada por UNICEF, y volvió a abrir las  escuelas de primaria en más de cien pueblos para miles de niños en el sur, pasando ese tiempo en medio de la guerra y las hambrunas. Emma resolvió el dilema de los cooperantes ignorándolo. Era divertida, atrevida, peleona hasta casi el límite de la locura. Vestía minifaldas, en su tienda guardaba ejemplares de la revista Vogue junto a botellas de vodka compradas en los duty-free de los aeropuertos y mantuvo una serie de affairs con nativos del país, de los que admiró el t”.amaño de su pene comparado con el de los británicos. Entonces recibió el apodo de la “mujer alta de la pequeña Gran Bretaña”.

Fue entonces cuando conoció a Riek Machar y los periodistas extranjeros presentes en el encuentro la describieron como de una presencia casi irreal y el gran contraste de una mujer de piel blanquísima como Emma, bella, determinada y romántica y con una figura de top model, en aquel ambiente bélico que rodeaba a su amante, de soldados altos, desnutridos, de un negro casi azulado, que vestían de forma anárquica, unos descalzos, otros en chanclas, y otros mas con botas de agua, armados todos hasta los dientes. Unos llevaban pesadas ametralladoras de fabricación china, con las cananas cruzadas por el pecho y por la espalda, otros llevaban lanzagranadas antiquísimos, y también había niños que portaban bazucas, pistolas belgas, además de bombas de mano, y otros mas, tenían los AK-47, los famosos fusiles Kalashnikov rusos que habían inundado el Tercer Mundo. 

Parece ser que la atracción mutua surgió instantánea. Machar debía de ser un seductor que gozaba de la reputación de ser el “Bill Clinton de Sudán” para lo bueno y para lo malo. y se fueron a vivir juntos su romance y finalmente se casaron en el monte en medio de otro desastroso éxodo de refugiados. Su affair hizo que los demás cooperantes cuestionaran la neutralidad de Emma y finalmente fue expulsada de la ONG donde trabajaba, Street Kids International, lo que ella entendió y aceptó.

Poco después Machar intentó sin éxito derrocar a Garang y el movimiento rebelde se desintegró con una matanza en masa entre los sureños según sus tribus de procedencia. Las tropas de Garang acusaron a Emma de ser una espía y una puta y llamaron a la lucha tribal, “la guerra de Emma”. Expulsada de su trabajo humanitario y abandonada por la mayoría de sus amigos europeos, Emma se convirtió en la portavoz patente de su esposo, evitando reconocer que en su bando había asesinos. Emma pasó a tener dentro del SPLM un perfil alto como khawagiyya, es decir, extranjera, al convivir con la segunda persona más importante del SPLA. Usó su máquina de escribir, procedente de Naciones Unidas, para redactar  manifiestos. Había que reconocer que no era una mujer reflexiva, sino más bien era una partidista, luchadora y una partisana natural, a lo que añadía su idealismo occidental que resultaba conmovedor al estar fuera de lugar en el contexto de la guerra civil sudanesa. No tenía visión política sino que mas bien poseía un ideal del amor romántico. Se convirtió en algo parecido a una reina blanca entre la tribu nuer de Riek. La guerra se intensificó y Machar se escindió de Garang, y en cierto momento la pareja escapó milagrosamente de un ataque con armas de fuego.

Pero el romance duró poco muy a su pesar, y en 1993, a sus 29 años, Emma falleció en Nairobi, víctima de un estúpido accidente de tráfico, embarazada de tres meses. Los ingredientes de la vida de esta mujer y su trágica muerte permitían guisar un best seller de manera que su amiga, la periodista Deborah Scroggins, escribió su biografía, Emma’s War, donde recoge la declaración de Emma que decía “soy sudanesa de corazón”.  El eco de la amplia tirada del libro llegó a Hollywood donde algunos productores vieron la posibilidad de llevar la vida de Emma a la pantalla y pensaron en una bella actriz que diera una réplica adecuada de la amante de un guerrillero sudanés, y el papel recayó en la australiana Nicole Kidman. La dirección correría a cargo de Tony Scott, hermano de Ridley uno de los directores mas afamado de la meca del cine, hoy recordado por el 25 aniversario de su film mas conocido, Blade Runner, un hito en el cine de ciencia-ficción. Pero la familia montó en cólera por usar para el film la biografía de Scroggins, sin consultarles a ellos y faltando al respeto que su recuerdo merece. Según su hermano Johnny McCune, la periodista practicaba un periodismo ñoño y turbio, describiendo la vida de Emma como una aventura, y a ella como una advenediza que llegó a la cima del poder por la cama, llegando incluso a insinuar que fue parcialmente responsable del genocidio en la zona rebelde de Sudán y que describe a su padre como un defraudador convicto, algo radicalmente falso.

La madre de Emma, Maggie McCune también escribió un libro sobre su hija, Till the Sun Grows Cold, en 1999, en el que también se pensó para hacer una película, pero cuando los Scott anunciaron la suya, se dieron cuenta que no había lugar para dos filmes. Johnny entró en contacto el agente de la Kidman para que no tomara parte en el film, esperando al menos que la actriz australiana hablara con la familia para conocer su versión de la historia real antes de interpretar a su hermana. La periodista se defiende de las acusaciones del hermano de Emma y niega que su historia sea cursi ni esté plagada de sexo, aunque afirma que “el sexo es parte de la historia; ella mantuvo un amor apasionado y se casó con Riek Machar. Eso es lo que la hizo diferente.” Scroggins ha ganado varios premios por su trabajo sobre Emma y en el libro aparece como una figura controvertida durante su vida. Varias anécdotas la describen como temeraria, ensimismada y vanidosa, que usaba minifalda mientras que otras cooperantes deliberadamente vestían bombachos de color caqui.

Scroggins reconoce, sin embargo, que muchos sudaneses amaron a “la mujer alta de la pequeña Inglaterra”. Y tampoco cabe dudar de su personalidad pintoresca o de su entrega total que dejó algunos legados sorprendentes como la adopción del niño soldado Emmanuel Jal convertido en estrella del rap, como veremos mas adelante. Jal también ha sido contactado por los hermanos Scott para que les hable de su madre adoptiva.

Su figura sigue siendo criticada en Occidente y algunos consideran que la heroína nunca fue relevante para Sudán y en hubiera pasado desapercibida en un contexto europeo. Para otros los sueños, las ilusiones y los fracasos de Emma son los de los blancos que intentaron llevar su idea del bien a Sudán, convirtiendo su historia en digna de ser contada. 

Unos años mas tarde, es Riek Machar junto al general Kerubino, y otras facciones armadas, quien negocia un acuerdo de paz con Jartum, y será Garang y su SPLA quienes no se sumarán al acuerdo. Como resultado del acuerdo fue nombrado ayudante del presidente al-Bashir, y se creó un Comité de Coordinación del sur de Sudán dirigido el doctor Machar así como un frente, el UDSF (United Democratic Salvation Front, el Frente unido de salvación democrática) con su correspondiente ejército para luchar contra el SPLA, de Garang. 

En 1999, los dos antiguos camaradas, enfrentados en los últimos años, vuelven a reunirse y Machar se reincorpora a una de las primeras posiciones del SPLA. Una vez fallecido Garang, asume la vicepresidencia de la autonomía del sur de Sudán, junto a Salva Kiir y participa en las conversaciones de paz de Juba en nombre del gobierno sudanés con la guerrilla ugandesa del LRA (Lord Resistance Army o Ejército para la resistencia del Señor).

Antes hacíamos referencia a otro general, Kerubino Kwanyn Bol, aliado del doctor Machar en 1997 para el acuerdo de paz con Jartum. Pues bien, Kerubino es otro fundador mítico del SPLA en el exilio etíope con Garang, y es la persona que disparó el primer tiro de la segunda guerra civil en la insurrección de las tropas en Bor.

Permaneció varios años en el SPLA como segundo junto a Garang hasta que entraron en conflicto y Garang encarceló a Kerubino que le acusaba de tendencias dictatoriales. Kerubino escapó en 1992 y huyó a Uganda y desde allí pasó a Kenya, donde formó su propia facción, el SPLA de Bahr-el- Gazal, región en la que eran mayoritarios los dinka pero de un grupo distinto al de Garang. Allí desempeñó un rol altamente volátil y destructivo en términos militares como señor de la guerra pero que contribuyó al éxito del gobierno de Jartum en su lucha contra el SPLA. Al- Bashir, para evitar la rivalidad con Machar, nombró a Kerubino en 1997 vicepresidente y ministro del gobierno local de seguridad pública en el sur de Sudán.

En 1998 el entonces ministro de Defensa en Jartum alabó a Kerubino por la manera como había orquestado las defecciones masivas de las tropas rebeldes de SPLA en Bahr-el-Gazal, pero resultó ser un caballo de Troya, pues los escapados una vez que llegaron a Wau, la capital de la región, la tomaron en nombre del SPLA. Kerubino había cambiado de bando nuevamente, dejando al gobierno central en precario en la zona pues había perdido fuerzas importantes que protegían el camino del SPLA hacia los campos petrolíferos.  

Quien no fue a la escuela secundaria que estábamos visitando, es Paulino Matip, otro de los que podríamos denominar como señores de la guerra y padre de la patria del Nuevo Sudán. Perteneciente a la tribu de los Nuer fue jefe de la milicia SSUA (South Sudan United Army o Ejército unido del sur de Sudán). El general con el que viajamos en el avión desde Nairobi a Juba, formó parte de la vieja guardia rebelde y empezó como comandante del  grupo Anya Nya II. Posteriormente se unió, en 1997, a  su compatriota de tribu Machar en el acuerdo de paz con Jartum. Abandonó su ejército y luchó contra él para controlar la región petrolífera del Alto Nilo y perdió. Apoyado por el gobierno de al-Bashir se convirtió en general del ejército nacional luchando contra sus compatriotas del sur. Volvió en 2003 a luchar contra las facciones nuer a favor del gobierno para controlar la región riquísima en petróleo de Bentiu y volvió a perder.

Después del acuerdo de paz de Garang intentó la vuelta pero no lo logró. Fue con Salva Kiir, en 2006, cuando definitivamente se integró junto con su ejército en el SPLA, convirtiéndose en vice-comandante jefe, para según sus propias declaraciones “proteger la paz, convencido de la necesidad de mantener la unidad”.

Paulino es el prototipo de general que nunca fue a la escuela, en una sociedad altamente desescolarizada, y por eso en una entrevista reciente defendía que la educación suplementa sólo aquello que el hombre tiene ya en su mente. Tener educación y no usar los pensamientos con metas definidas no vale para nada, según Paulino, quien confesaba moverse habitualmente entre intelectuales y hablar con ellos. Para sus seguidores aunque no habla árabe ni inglés, es brillante en todo, un autodidacta que ha aprendido a ser tranquilo y correcto en sus formas.

¿Qué hacía Paulino volando en el mismo avión que nosotros?

Regresaba de una estancia prolongada en Nairobi convaleciente de una operación realizada en Sudáfrica, que había dado pábulo a rumores y comentarios sobre su posible muerte que él se había encargado de refutar desde el hospital de la capital kenyana. Parecía plausible que los señores de la guerra que habían llevado una vida plagada de batallas, murieran de forma trágica. De ahí el dispositivo de altos cargos del gobierno que esperaban al pie de la escalerilla el regreso de Paulino, para refutar de una vez por todas los malditos rumores.

Salimos de la escuela. Los señores de la guerra habían mostrado su influencia y su poder para encontrar financiación para esa escuela secundaria. No obstante, en nuestro camino plagado de baches rodeamos otra escuela, esta vez de primaria, donde niños y niñas al aire libre, se protegían del sol a la sombra de una acacia y sentados en el suelo atendían las indicaciones del maestro.

El vuelo que nos llevaría de regreso a Juba sí estaba programado de antemano cuando compramos los billetes unos días antes. Nos dirigimos de nuevo al barracón por donde habíamos llegado la víspera y allí un soldado o un policía, probablemente todavía era lo mismo, pues parte de los soldados que habían luchado en el SPLA o en las distintas facciones pasaban mas tarde a formar parte de la policía, nos indicó que la sala de espera y la de embarque estaba a veinte metros, “el segundo árbol a la derecha”. No podíamos imaginarlo, yo creo que en el peor de los casos hubiéramos pensado que el barracón aunque pequeño haría las funciones de aeropuerto. Pero no, había dos árboles, y cada uno servía como sala de embarque para vuelos distintos, aunque en aquel momento no hubiera avión alguno en las pistas. Nos lo tomamos con humor y allí, junto al segundo árbol, sentada sobre un tronco, una joven tenía una lista donde escribía los nombres de los pasajeros y repartía las tarjetas de embarque plastificadas. Nos acomodamos junto a las mochilas y las bolsas donde llevábamos la cámara y el trípode con el resto del equipo auxiliar. Parecía que el vuelo estaba retrasado, aunque la joven no tenía información fehaciente, al igual que en los aeropuertos occidentales. Los pasajeros llegaban pausadamente, algunos compraban el pasaje sobre la pista, a la misma joven que se encargaba de todas las tareas relacionadas con la facturación.

Dos o tres jeeps con soldados aparcaron en la pista y los soldados se dispersaron, lo primero que se nos ocurrió pensar era que la presencia de soldados se debía a cuestiones de seguridad, aunque nunca habíamos percibido otra inseguridad que la de encontrarnos en un país como prendido por alfileres. Siguieron llegando nuevos soldados que iban ocupando posiciones cada vez mas alejadas de la pista aunque daba la impresión de que se disponían a peinar la zona alrededor de la pista de tierra ocupando posiciones estratégicas. Aquel despliegue nos intranquilizaba, la curiosidad nos picaba, así que nos decidimos a preguntar que sucedía.

La respuesta nos la dio un pasajero del avión que habríamos de tomar nosotros. Era viernes al mediodía y en el mismo avión que tomaríamos de vuelta llegaba el presidente Salva Kiir para pasar el fin de semana con la familia. La demora del vuelo había ido aumentando a cerca de una hora, probablemente porque Salva Kiir se había retrasado en su despacho de Juba.

La espera se alargaba y los pasajeros nos arremolinábamos sentados junto al árbol tratando de rehuir del sol justiciero que se había situado sobre la vertical de nuestras cabezas.  Seguían llegando militares de mayor graduación en vehículos cuatro por cuatro, algunos con los cristales tintados de negro y cuando ya se podía divisar el avión en posición de aterrizaje, los jeeps tomaron sus puestos en la pista, como si estuvieran en formación cerrada, unos frente a otros, dejando sólo un angosto pasillo por donde habría de pasar su presidente Salva en el vehículo que le llevaría a casa. Aquello era para nosotros una curiosidad y estuvimos atentos para no perder detalles y aunque no podían tomarse fotografías y menos utilizar el vídeo por ser el aeropuerto un lugar estratégico desde el punto de vista militar, porque desde cualquier otro punto de vista aquello era un secarral convertido en pista de aterrizaje, disparé un par de fotos con mi cámara para poder enseñar a la vuelta el aeropuerto cinco estrellas de Rumbek. Aunque tomé precauciones al disparar, me llevé la regañina de un soldado que se me acercó para recordarme que estaba prohibido hacer fotografías en aquel lugar.

El avión finalmente aterrizó y un escuadrón rindió armas a su Presidente, pero como era un viaje ritual, los saludos al pie de la escalerilla fueron breves y en unos minutos todos estaba en sus jeeps y salieron disparados con rapidez en dirección al centro de Rumbek.

El avión era un birreactor y si lo utilizaba la máxima autoridad del sur de Sudán, no había por qué tener miedo, no nos iba a hacer a nosotros una faena estropeándose, aunque fue el propio Garang quien había muerto en accidente de aviación. Algunos pasajeros estaban enojados con el retraso y cuando nos situamos ante la escalerilla para subir al avión, comenzaron a increpar al piloto que era indio. No se entendía lo que decían, pero la discusión subía de tono y en un punto el piloto se marchó pronunciando palabras que debían ser malsonantes, por lo que algunos pasajeros se encresparon aun mas. Llegó el copiloto que trató de calmar a los enojados pasajeros y una vez que lo consiguió, el piloto se subió al reactor. Pensamos que quizá, pese a todos los inconvenientes, no hubiera sido mala idea regresar en el pequeño avión en el que hicimos el trayecto de ida.

Cada una de las veces que usábamos un aeropuerto nos encontrábamos con los comandantes que habían obligado al norte a firmar una paz frágil, quebradiza, pero que abría una esperanza a un pueblo tan paciente y resistente como el sudanés y que se merecían algo mas que un respiro, la ansiada paz a la que tienen derecho tras una dilatada y pertinaz guerra civil.