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Llevamos unas semanas donde los nubarrones de la incertidumbre asuelan nuestro país. La economía lleva fatal la incertidumbre y cualquier problema aunque sea en un lugar lejano, afecta sobremanera a “doña economía”, bien sea la bajada del precio del petróleo (algo muy positivo para los países carentes del oro negro), la política exterior rusa, la guerra en Siria, la ausencia temporal de gobierno en España, y un largo etcétera. Solo falta que este año haya sequía.

La incertidumbre también crea dudas en las empresas, en la planificación de las inversiones, en el crecimiento de los países emergentes y del resto.Conclusión la incertidumbre es un mal a evitar.

Podríamos, pues, preguntarnos: ¿y la incertidumbre es mala para las personas?

La respuesta es clara, sí. Entonces, ¿por qué los gurús del  management repiten una y otra vez  que la incertidumbre en la época actual de los avances rapidísimos en tecnología ha venido para quedarse? El discurso hoy, sobre todo para los jóvenes entrantes en el mercado de trabajo, es que tienen que acostumbrarse a vivir en la incertidumbre, porque el futuro es incierto, porque sus puestos de trabajo cambiarán a gran velocidad, desaparecerán, tendrán que hacer tareas radicalmente distintas para las que habían sido preparados cuando estudiaron en la universidad…

Este mensaje un poco ampuloso y grandilocuente contrasta con sus excepciones, pues parece no regir para todas aquellas personas que llevan trabajando quince, veinte o treinta años en la misma empresa, o los directivos, consejeros o presidentes cuasi vitalicios de grandes empresas y multinacionales de los diferentes sectores económicos.

Así pues, parece que el mensaje de gestionar la continua incertidumbre en la que les ha tocado vivir a los jóvenes, oculta algunas trampas, como que habrán de aceptar peores condiciones de trabajo, salarios inferiores y contratos de temporalidad volátil donde se  encadenan unos con otros de forma ininterrumpida.

Si les preguntamos a estos jóvenes es indudable que salvo excepciones les gustaría tener un contrato indefinido y que si se van de una empresa que sea por voluntad propia y no para que aprendan a gestionar la terrible incertidumbre que les espera.

Por lo tanto, un grado muy alto de incertidumbre es malo para la economía y para las personas. Pero, ¿puede hacerse algo al respecto?

¿Acaso la economía y sus leyes no son actividades humanas planificadas y gestionadas por personas? ¿Acaso las condiciones de trabajo, los salarios, los determinan los extraterrestres? ¿Quién es responsable de que lasinnovaciones tecnológicas se introduzcan a mayor o menor velocidad, dimensión o alcance? La respuesta es clara, las personas.

Por lo tanto, ¿resulta tan difícil en el siglo XXI modular, mitigar, acompasar los efectos negativos de la actividad productiva o las incertidumbres que genera la tecnología? Si son actividades humanas, serían las personas las que podrían atemperar y hacer mas llevadera la vida que nos toca vivir, de manera que los parados o los jóvenes que quieren ser adultos y trabajar  pudieran hacerlo en condiciones que no fueran penosas o degradantes y que les permitiera llevar una vida honrosa.

A la economía le sienta mal la incertidumbre, pero a las personas les obliga a veces a llevar vidas indignas, impropias de las sociedades avanzadas en las que habitamos.