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EL LIDERAZGO DE CLAUDIO ABBADO

Claudio Abbado asumió la dirección de la Orquesta Filarmónica de Berlin, una de las más prestigiosas del mundo, sustituyendo a Karajan, un director que podría ser clasificado como carismático aunque otros podrían considerarlo como autoritario.

Abbado sentía una gran pasión por la música clásica en sus diferentes modalidades y en Berlín llegó a ser emblema de la ciudad tras la caída del muro.

Esa pasión le llevaba a una tremenda inquietud por innovar, descubriendo e interpretando obras casi desconocidas pero sobre todo a arriesgar por desarrollar talento joven.

Su entrega a la dirección en una persona que podría ser denominada como tímida y poco expresiva, le hacía mostrarse arrollador en el podio con un lenguaje corporal donde las manos, los brazos y todo su cuerpo indicaba la emoción que sentía, y esa emoción la transmitía a los músicos también con su mirada.

Estaba convencido de que junto con sus pares, los profesores de la orquesta, tenían que buscar la complicidad de la audiencia con el fin de ganársela y seguir fomentando su amor por la música.

Su relación con los profesores, muchos de ellos auténticos virtuosos de sus instrumentos, era de cercanía y humildad, se negaba a que se dirigieran a él como maestro y pedía que le llamaran por su nombre, Claudio.

Más que dar órdenes exhibía una actitud pedagógica de empatía y trataba de resolver las desavenencias musicales fomentando la escucha de unos músicos con otros.

Mantuvo una vertiente social muy importante tocando en fábricas y sobre todo en el desarrollo y apoyo a orquestas juveniles como la experiencia venezolana de José Antonio Abreu y el joven director que hoy le llora Gustavo Dudamel.

Descanse en paz y sea recordado en la memoria de mujeres y hombres de todo el mundo, amantes de la música y la solidaridad.